Mis últimas palabras Primera parte

“A su debido tiempo te darás cuenta de que tu verdadera gloria reside donde cesas de existir”

Ramana Maharshi

Pasábamos los veranos en un pueblo de la costa mediterránea. Cada año nos llevaban nuestros padres y nos instalábamos  allí largas temporadas. Nuestro padre iba menos tiempo: sólo una semana cada mes pues tenía que seguir trabajando en su clínica para que nosotros disfrutáramos de las vacaciones. Ahora que somos padres podemos entender los esfuerzos que tenían que hacer nuestra madre y nuestro padre para poder mantener a toda la familia.

Los veranos estaban llenos de días divertidos. Imagínate las vacaciones con tus diez hermanos. Si tienes la suerte de conocer a alguno de ellos sabrás que son todos muy graciosos. Recuerdo siempre el olor a mar, el salitre pegado al cuerpo y cómo se quedaba el pelo estropajoso, todavía hoy me gusta esa sensación; las carreras por la playa ardiendo dando saltitos y enterrando los pies bajo la arena cuando llegabas a la primera zona de sombra; la playa llena de extranjeros y el sonido de los idiomas desconocidos. También había muchos hippies y no se distinguía a los hombres de las mujeres pues todos tenían el pelo largo. Imagínate lo que suponía para un niño de provincias en la época de la dictadura ver toda aquella diversidad exótica y ruidosa. Los veranos olían a aceite de limón, que era lo que se untaban los extranjeros sobre la piel para freírse al sol; al dulce aroma de los crepes que hacía un francés sobre una plancha redonda. Era hipnótico verle extender la masa líquida y los movimientos que hacía con la espátula para darles forma. Puedo cerrar los ojos y recordar el sabor del helado de leche merengada y del bollo gigante que desayunábamos cada  domingo y que unos llamaban coca y otros toña.

Hubo un verano (he sabido el año que era por que la canción que sonaba a todas horas era “En la fiesta de Blas”) que bajamos a la playa y allí, delante de nosotros, había un señor de raza negra inmenso, o a mí me lo pareció pues con mi tamaño de niño, le llegaba por la cintura. Llevaba un traje de baño azul eléctrico y mientras se daba crema de Nivea yo no podía dejar de mirar su boca y sus dientes blancos, blanquísimos. Era la primera vez en mi vida que veía a un negro en carne y hueso y todo en él me causaba curiosidad, por lo distinto. El pelo rizado, lo fibroso de sus músculos, las palmas de las manos y los pies…pero sobre todo lo rosa que me parecía su lengua mientras cantaba a pleno pulmón. Entonces saqué mi conclusión de que era así porque de pequeño había bebido mucho café y durante el resto del verano canturreé una canción dedicada al señor que me inventé titulada “El mundo de café, café” con la que torturé a todos los miembros de mi familia. Todavía hoy y después de casi 50 años, de vez en cuando la volvemos a cantar y nos reímos recordando la letra. Mientras, por la orilla de la playa paseaba una pareja de la Guardia Civil con sus rifles al hombro y encargados de que las extranjeras cumplieran las normas de decencia y no se despojaran de la parte de arriba de su bikini. Los guardias civiles también se pararon a ver a aquel señor tan grande y tan negro, con la excusa de secarse el sudor que les producía el uniforme y su tricornio de charol en pleno verano mediterráneo.

Mientras cerraba los ojos y disfrutaba de la ingravidez al ser mecido por las olas.”

Después de examinar minuciosamente, mejor dicho, escrutar a aquel señor con el descaro que sólo un niño tiene, decidí bañarme (que era lo que más me gustaba y me sigue gustando del mar). Primero me metía poco a poco pues uno corría el peligro de morir fulminado por una cosa que los mayores llamaban “corte de digestión” y que nuestro padre, como médico que era, nos decía que si lo hacíamos así no era necesario esperar las dos horas que otros padres ponían a sus hijos como condición previa a poder bañarse. Una vez dentro del mar caminaba hasta que el agua me cubría el cuello y empezaba a nadar (llamarlo nadar en aquella época y con los años que tenía es un poco pretencioso pues mi estilo era el nado a lo perrito). Poco a poco y con la determinación de mi temeridad me dirigí hacia la zona del mar donde el agua pasaba de cristalina a azul y de azul a azul-negro. También sabía que había llegado lejos porque la temperatura se hacía más fría según te adentrabas en la zona profunda, pero es el frío del mediterráneo, lo que para un chaval criado en pantalón corto durante los fríos inviernos de Palencia es fresco. A esa distancia de la orilla ya estaba cansado y para poder reponerme me daba la vuelta boca arriba y dejaba el cuerpecillo flotar mientras cerraba los ojos y disfrutaba de la ingravidez al ser mecido por las olas. Pero esta vez algo era distinto: empecé a notar como el agua con sus delicados vaivenes iba borrando los límites de mi piel, músculos y huesos. Mi cuerpo se estaba disolviendo en el mar y no era capaz de saber dónde estaba y yo ya no ocupaba el espacio del cuerpo, estaba en todas partes. Desintegrado de mí y fundido a todo lo que me rodeaba que era como una Sustancia de brillantez, la Sustancia de la que están constituidas todas las cosas. Mientras, brotaba desde el interior una profunda sensación de gratitud y dicha a Todo Lo Que Es. Y luego mis últimas palabras fueron GRACIAS a las que siguió un Phsss…sss…sss….sss… y desaparecí……………………………………….

Llegué a la orilla como pude pues no tenía un control directo sobre el cuerpo, era cómo que se movía de forma mecánica sabiendo qué es lo que tenia que hacer y solo podía ver desde detrás de mis ojos. De nuevo en la playa todo es esa Sustancia de brillantez, cualquier “otro” que percibía (el señor negro e inmenso, los guardias civiles, los extranjeros, los hippies, la abuela, mis diez hermanos, mis padres, la arena, el mar, los animales, las plantas, la toña, el francés que hacía crepes) era “yo”.

Como era niño, pensaba como niño y hablaba como niño; y como no sabia cómo se llamaba eso. lo llamé La Sustancia. Desde ese dia vivo inmerso en Ella. Sólo hay La Sustancia.

Pero también tiene otros nombres que descubrí ya de mayor: Presencia, Consciencia Pura, Silencio, El sin forma, Supremo éxtasis de la Unidad, El Ser sin SER, Todo Lo Que Es, Eso Que Es, Mente Única.

A todas las personas que dedicais vuestro tiempo a leer este blog GRACIAS.. Phssss..sss..sss….sss……….

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